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Cuaderno de bitácora - Tejiendo palabras

Cuando el pasado llama a tu puerta

Cuando el pasado llama a tu puerta

Pintura Soledad Molina
  
Cuando el pasado llama a tu puerta y ni siquiera te ha dado tiempo a arreglarte para recibir la visita.

Y llama, y sin querer la puerta como por resorte se abre. Y lo quieres impedir y suena un piano... evoca tiempos que existieron, que se grabaron en la retina, como si fuese una película en blanco y negro. Nada perteneciente a tu pasado. Pero esas caras son conocidas y entonces crees habitar un sueño o crees estar imaginando.

Cuando el pasado llama a tu puerta, se hace palpable, y toma la cara de un niño arrepentido. Y miras y observas, y no acabas de creer esa luz en los ojos, esa mirada que habla de qué siente. Como si los ojos pudiesen arreglar lo que una vida no pudo.
Y entonces mil años pasan por la mente y mil otros que deberían haber existido pero no existirán jamás.
Hace calor y el termómetro sólo marca 13 grados, quizás tenga frío y en realidad no me esté dando cuenta.

Cuando el pasado llama a tu puerta y se viste de blanco inmaculado. Sonrío, no ha pasado nada, ni siquiera el tiempo. O sí. Talvez ni siquiera viví el pasado y sólo tenga el camino que se abre ante mí. ¿Se abre?
Y entonces suenan voces, y de nuevo todo cae y vuelve como lluvia de invierno, y moja, y la piel tirita, y ni siquiera se lo cree. Porque cuando llueve uno se moja y estoy seca.

Como campanas lejanas suena sin parar el repiqueteo de los recuerdos, esos malditos recuerdos que podrían de una vez callar. ¿Quien llama a la puerta?
Y la humedad no está en la ropa, ni en la piel, sino dentro, y a fuerza de empujar sale con dolor por los ojos. Como parto con dolor.

Y el alma se parte, y piensa que ni siquiera nació, o vivió, o existió, que sólo fue un sueño que imaginó, y que lo que adquirió cuerpo de repente fue el presente.

Las notas del piano se suceden, y un líquido amarillento recorre las venas, las mismas que otrora se llenaron de sangre roja y viva salpicando por doquier. Un líquido que penetra lento, sutil, haciendo transparente las paredes que la contienen, sangre de princesa herida. De pobre despojada de su vestido roto. De rico con corazón triste. De enamorado sin amor.

Y los ojos se pierden en el anochecer, las velas se prenden, y el piano sigue sonando, cuantas tragedias resumen que el dolor propio no es nada. Y sin embargo, duele. Sin embargo, llama a la puerta y despierta al más dormido. Y levanta torbellinos de recuerdos que cuando cesan dan paso al mar apasionado, al mar de ojos azules, tranquilas y vigorosas olas que vuelven a la orilla y devuelven la verdad y frescura de la vida. La noche descansa y se duerme... un nuevo día amanece... y las olas y las notas azules cierran esa puerta.

Entrada en el blog Soldado perdido en territorio enemigo

Cuando el pasado llama a tu puerta

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